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El duelo es el proceso de sentir la tristeza, a veces abrumadora, ante la pérdida de un ser querido.

El fallecimiento de un alguien a quien se ama es uno de los momentos más duros en la vida de una persona. Este proceso puede iniciarse también al recibir un diagnóstico de enfermedad terminal.

Sentir dolor es inevitable, pero además, es un derecho.

Tienes derecho a sentirte como te sientes y a darlo entender a quienes te rodean. Hacerlo puede ser también una forma de demostrar el amor por la persona que ha fallecido.

El duelo es el tiempo durante el que hacemos, sentimos y pensamos cosas que nos ayuden a asumir de forma saludable la ausencia del ser querido. El periodo del duelo es, por tanto, natural y necesario.

Cada persona expresa el dolor de forma diferente, llorar, escribir, gritar… no hay una forma mejor que otra.

Sentir dolor y expresarlo es un derecho y nadie debería juzgarte si decides hacerlo.

La superación

Aunque el dolor puede que no desaparezca, o que sí desaparecerá es la angustia.

La angustia y el dolor suelen aparecer juntos, pero no son lo mismo.

El dolor permanece como nostalgia, como añoranza y por amor a la persona fallecida. La angustia en cambio desaparecerá poco a poco para dejarnos seguir adelante.

Se ha demostrado que los abrazos y el contacto físico son curativos.

Si te encuentras especialmente mal, puedes buscar una persona querida y darle un abrazo. Procura que el abrazo sea firme sincero y largo. Es posible que además la otra persona lo agradezca.

El consejo más adecuado para los momentos de dolor es cuidarse

No abandones tu vida cotidiana, simplemente dedícate algo más de tiempo a ti mism@.

Busca la compañía de tus allegados, habla, ve al trabajo, sigue con tus tareas, pero tómate los respiros que consideres necesario. Los demás lo entenderán.

No hay un tiempo establecido para dejar de sentir dolor: no podemos controlarlo ni establecerlo, por eso no tengas prisa por dejar de sentirlo, ya que cada persona lo hará de forma diferente y a su ritmo, es es normal sentir que no va a acabar nunca.

Un duelo que no se habla es un duelo que no se cura.

Hablar de lo ocurrido, de cómo te sientes al recordar a la persona desaparecida (sobre todo en los buenos momentos) es la mejor manera de sentirse mejor poco a poco y de hacer sentir mejor a los demás.

Reconocerse vulnerable es un primer paso hacia la recuperación.

Hay que poner atención a los signos de alerta: Si ha pasado más de un mes, no consigues comer dormir o atender a tus quehaceres normales, no dudes en buscar ayuda.

Desde siempre las personas que pierden a un ser querido, se han rodeado de sus familiares y amigos para pasar el duelo. No es casualidad, es sabiduría.

Acercarse a quienes más te quieren (y dejar que se acerquen) siempre es una buena opción.

El fallecimiento de un ser querido es un momento angustioso para todos, sobre todo para los más cercanos. Es en ese momento en el que la presencia de otras personas se hace imprescindible. Compartir la tristeza y hacer saber que los demás que más sufren no están solos es la mejor forma de ayuda.

Qué puedo decirle?

No existen fórmulas que sirvan para todas las personas. Lo mejor es hacerle ver que estás cerca con palabras sencillas, que tienes intención de ayudarle en lo que necesite, ofrecerle a tu compañía y quedarte cerca.

Si hay que decir algo más, con un sencillo «lo siento» suele bastar.

Qué debo evitar decirle?

Por lo general las frases más típicas no suelen servir de mucho. Frases como «entiendo cómo te sientes», «hay que salir adelante» o «tienes que ser fuerte», es mejor evitarlas. Pero si con la preocupación se dice alguna, lo mejor es no angustiarse por ello. Podrás demostrarle tu apoyo igualmente y hablar sobre el tema en otro momento.

La persona que acaba de perder a alguien muy querido no necesita tanto que le digan cosas como decirlas él.

Permitir y animar a que la persona hable del fallecido es absolutamente saludable. Dar pie sin insistir ni atosigar a que la persona cuente lo que siente lo que estaba haciendo cuando su ser querido falleció es siempre una opción sensata.

Es importante no esperar a que la persona de duelo pida ayuda. Lo mejor es ofrecérsela nosotros de vez en cuando, aunque haya pasado algo de tiempo desde el fallecimiento.

No esperar a que nos llame por teléfono: llamar nosotros y charlar un rato, aunque nos vuelva a contar lo mismo. Si se repite es porque lo necesita. Hacerle una visita, estar allí y que se note que estamos disponibles, pero sin atosigar.

Con mucha frecuencia, la persona que sufre dolor por un fallecimiento, lo que necesita es ayuda con las tareas cotidianas: acompañarle a la compra, fregar un día a los platos, estudiar juntos, poner una lavadora, mirarle el aceite del coche, ir juntos parte del trayecto al trabajo… son cosas que se pueden proponer como ayuda y que tienen más importancia de lo que parece.

Si una persona cercana se encuentra mal por un duelo, sencillamente, dale un abrazo. En nuestro país no es frecuente abrazar a personas fuera del ámbito familiar, pero es algo que resulta muy saludable para la persona que sufre.

Si decides dar un abrazo, trate de que sea claramente afectuoso y algo más largo de lo habitual.

Si te encuentras en situación de duelo y crees que lo necesitas, no dudes en buscar ayuda profesional.

Si te encuentras en duelo y crees que necesitas ayuda, no dudes en buscar apoyo profesional. A veces, las personas a tu alrededor no saben cómo darte el apoyo que necesitas. Los profesionales pueden ofrecer el soporte adecuado durante este proceso tan delicado.

No estás sol@

Permítete sentir y expresar tu dolor, y busca el apoyo necesario para sobrellevar estos momentos difíciles.

One Comment

  • Jesús dice:

    Qué importante es tener consideración con este tipo de situaciones. Hay que deshacerse de los tabúes sobre la muerte y afrontar esta realidad que nos llega a todos. Gracias por compartir tus conocimientos.

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